Santa Marta DTCH

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sábado, 5 de septiembre de 2015

El lado natural del Caribe


Además del clásico estilo de viajes de sol y playa, que invita a los turistas a permanecer horas enteras en las instalaciones de un hotel 'todo incluido', pasando de la piscina al bar y de allí a la playa para dejarse caer en la arena a tomar el sol, existe una manera más directa de conocer las maravillas naturales del Caribe colombiano.

Para explorar estas tierras del norte del país basta abrir la mente a nuevas maneras de viajar y pensar que si se quiere conocer un destino, es preciso ir más allá de la comodidad que ofrecen el aire acondicionado y la posibilidad de disponer de pasabocas y bebidas ilimitadas las 24 horas.

Un buen plan para admirar los tesoros que guarda esta región es visitar Santa Marta. Allí, en una colina ubicada cerca de la zona hotelera de Pozos Colorados, se encuentra la reserva Natural Mamancana. En este espacio de 616 hectáreas de bosque seco tropical espinoso se pueden realizar actividades como canopy, escalar un muro de 13 metros de altura, practicar downhill y ciclomontañismo y hacer caminatas ecológicas.

De otro lado, las playas de Taganga, a unos 10 minutos de Santa Marta, esperan a los aficionados al buceo y sorprenden con sus atardeceres. También es impactante la Sierra Nevada de Santa Marta, con sus picos nevados, y que protege a Ciudad Perdida, corazón de la civilización tayrona.

Allí, hasta Ciudad Perdida, se puede llegar, luego de una aventura inolvidable que toma unos tres días. El plan incluye caminatas de varias horas durante el día y pasar las noches en alojamientos rurales que los habitantes de la región han adaptado para los viajeros.

En el camino se admiran cascadas, se cruzan ríos y se aprecian paisajes que tienen el aspecto de no haber sido tocados nunca. Luego del esfuerzo, la recompensa es llegar al pie de una escalera de piedra que tiene cientos de peldaños y parece no terminar jamás. De esta manera, se llega a Teyuna, conocido como Ciudad Perdida. Se trata del centro urbano más importante de la antigua civilización tayrona, que se construyó alrededor del año 700 d.C. y donde aún se pueden ver senderos y canales empedrados.

Otro sitio atractivo para los viajeros está a 57 kilómetros al nororiente de Santa Marta. Allí se puede visitar Taironaka, donde se conservan los restos de un asentamiento de una ciudad tayrona y es posible observar ocho terrazas que los indígenas empleaban para construir sus bohíos. La experiencia la completan bañarse en el río Don Diego y charlar con descendientes de los antiguos pobladores de la zona.

De regreso a Santa Marta, la carretera hacia el norte conduce al Parque Nacional Natural Tayrona, con sus playas rocosas y su selva que parece querer tragarse el mar. En este sitio, es posible asolearse en algunas de las mejores playas del Caribe colombiano, como Playa Cristal - donde el agua clarísima permite hacer snorkel -. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la mayoría de playas del Tayrona no es recomendable bañarse debido al fuerte oleaje, que ha cobrado varias vidas.

En esta reserva natural de 12.000 hectáreas, los visitantes se alojan en cabañas confortables, ubicadas frente a un lugar que es sagrado para los indígenas. Otras opciones de hospedaje se ofrecen en hamacas y carpas. En el Tayrona, los senderos que se recorren a pie y a caballo llevan a playas en las que el programa consiste en hundir los pies en la arena y los ojos en el horizonte.

El tiempo pasa mientras se contempla cómo las olas cubren con espumas blancas las enormes piedras volcánicas, las cuales se levantan entre la selva y el mar. Un atractivo más de la misma reserva natural es Pueblito, al que viajeros de todo el mundo llegan para caminar por sus terrazas escalonadas y sus caminos y escaleras de piedra.

Al norte del norte

Una de las mejores experiencias que se pueden vivir en Colombia la ofrece La Guajira. Este departamento, cuya capital es Riohacha, es abundante en paisajes que sorprenden por el contraste entre el azul intenso del Caribe y el color ocre del desierto.

Programas imperdibles en esta región son llegar hasta el Cabo de La Vela, a tres horas al norte de Riohacha. En este punto la vida es sencilla. No faltan el pargo y la langosta, recién sacados del mar. También están a disposición los chinchorros para hacer siesta y sobra paisaje para que la mirada se pierda, ya sea en el agua o en el terreno árido rociado de cactus.

Pasar unos días en el Cabo de La Vela supone caminar sin rumbo hasta encontrar sitios que deslumbran por su belleza, como el Ojo de Agua, que con sus aguas verdes y azules es hogar de bandadas de pelícanos que patrullan el cielo. También, dirigir los pasos hasta el Pilón de Azúcar, una colina cuya cima parece alzarse a cientos de metros del piso; pero que se corona tras una caminata de unos 15 minutos. En la punta esperan un altar en honor de la Virgen de Fátima y una panorámica de 360 grados que se queda grabada en la memoria.

El Cabo de La Vela es un buen destino para quienes son aficionados a los deportes náuticos, pues allí las olas son ideales para practicar windsurf.

En La Guajira también se pueden visitar comunidades de indígenas wayúu; las salinas de Manaure, donde se recoge la sal marina; el Parque Nacional Natural Macuira, una reserva de 25.000 hectáreas a la que llegan ornitólogos para ver unas 140 especies de aves; y Punta Gallinas, el punto más septentrional de Suramérica, en el que las dunas de Taroa invitan a los viajeros a deslizarse por ellas hasta llegar al mar.

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