Santa Marta DTCH

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Marina Internacional

Eestablecida en la Bahía de Santa Marta - Colombia

Vista panorámica de la Marina Internacional

Eestablecida en la Bahía de Santa Marta - Colombia

Atardecer en Santa Marta

Santa Marta - Colombia

Taganga

Taganga - Santa Marta - Colombia.

Playa Grande (Taganga)

Playa Grande: Es punto obligado de visita para los extranjeros, debido a sus hermosas playas.

Parque Nacional Tayrona

El Parque Nacional Tayrona, con sus 15.000 hectáreas de territorio, es uno de los más bellos del país y uno de los mayores recursos turísticos del Caribe colombiano.

Bahía de Santa Marta

De gran belleza natural (es calificada como la bahía más bella de América).

Vista nocturna de la Bahía de Santa Marta

De gran belleza natural (es calificada como la bahía más bella de América).

Quinta de San Pedro Alejandrino

La Quinta de San Pedro Alejandrino es considerada un gran atractivo turístico, debido a que fue allí en donde el Libertador Simón Bolívar pasó sus últimos días hasta cuando falleció el 17 de diciembre de 1830.

Morro de Santa Marta

El Morro se encuentra frente a la Bahía de Santa Marta.

Puerto de Santa Marta

Santa Marta - Colombia.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Las tres perlas del Caribe colombiano y la tierra de la hamaca grande



Si te preguntan qué aconsejas conocer de Colombia, no dudes en decir el Caribe, región de mitos, playas, música de acordeones, cumbia, porro y salsa; de gente buena y linda que te hacen placentero cualquier paseo que decidas hacer a esta tierra donde el sol siempre brilla e invita a descansar.

Este paseo lo iniciamos por la Perla de América: Santa Marta, la ciudad más antiguas del país, fundada el 29 de julio de 1925 por Rodrigo de Bastidas y donde murió el Libertador Simón Bolívar en la Quinta San Pedro Alejandrino, clave para visitar. Lo primero que hice al pisar suelo samario fue caminar sin afán por la bahía, desde donde se aprecia la marina y los barcos que sueltan amarras en el puerto. 

Esto es en el centro histórico, un lugar donde todo se hace sencillo y permite descubrir sitios como el parque de Los Novios, el Simón Bolívar, la plaza de San Francisco o la Catedral. Sobre estos callejones, de balcones y casas centenarias, hay una variedad de restaurantes, bares y entretención nocturna.

Por el callejón del Correo (carrera 3 n.° 16-02) se encuentra una hermosa casa colonial de ambiente romántico y bohemio. Allí está el restaurante La Muzzería, expertos en comida italiana, pero donde sirven uno de los platos tradicionales del Magdalena: el cayeye, un puré de guineo verde, que en sus forma más elemental se sirve con queso rallado o un exquisito hogao. Aquí lo fusionan con carnes y lo hacen gratinado.

“Como eso no hay otro”, dice David Zarco, un español que llegó hace 6 años y quedó atrapado por la magia del parque Tayrona, el misticismo de la Sierra Nevada y el sazón y sabor de la gastronomía local.

Saliendo de Santa Marta, rumbo al sur, se abre la gran Troncal del Caribe, que hasta Ciénaga, la segunda ciudad del Magdalena (32,5 kilómetros), es en doble calzada. A lado y lado hay estaciones de servicio, restaurantes, hoteles, un centro comercial (Zazue Plaza), ademas hostales y restaurantes familiares y el aeropuerto Simón Bolívar. 

Pasando el río Córdoba hay un tablero que dice: “Bienvenido al Volcán”. Así es que llaman los cienagueros a las aguas termales del corregimiento de Cordobita, las únicas del Caribe, especiales para la limpieza del cuerpo y para aliviar el estrés. 

A 10 minutos está Ciénaga, la tierra de la cumbia cienaguera, de Andrés Paz Barros, del Ron de Vinola de Guillermo de Jesús Buitrago y de las fiestas del caimán, que no es lo mismo que el hombre caimán de Plato. Su centro histórico, de 76 manzanas, es patrimonio arquitectónico del país, que ha servicio de escenario de novelas y películas.

Saliendo por la Troncal llegamos al vecino municipio de Pueblo Viejo, donde se aprecia la Ciénaga Grande. Desde aquí se puede salir, en lancha, a conocer los palafitos y el santuario de flora y fauna.

La ruta sigue al parque Vía Isla Salamanca, donde se aprecian aves migratorias y hermosos bosques de mangle, lugar especial para los amantes del ecoturismo. 

A 63 kilómetros está Barranquilla, capital que tiene una diversidad de ofertas hotelera, gastronómica y de entretenimiento, y que en estos momentos se prepara para sus carnavales. Buen plan para pasar la noche y visitar el restaurante La Cueva, sitio de encuentro de Gabo y sus amigos, y terminar castigando baldosas en La Troja, estadero de música afroantillana.

La mañana la iniciamos en la vía al mar. A 67 kilómetros, por toda la zona costera, pasamos por balnearios, centros vacacionales, y paraderos turísticos como el Sombrero Vueltiao, el volcán del Totumo, esto en Santa Catalina (Bolívar). Es una montaña de unos 15 metros de alto con un cráter, al que bajan turistas de todo el mundo a zambullirse en el lodo, por 10.000 pesos, y se puede sumergir cuantas veces quiera.

“El lodo sirve para la mala circulación, sacan las impurezas de la piel, cura el reumatismo”, dice Santander Villa, miembro de la asociación que atiende en el lugar.

La Troncal del Caribe sigue mostrando en tramos el mar, hasta llegar a Cartagena, ciudad que ofrece 128 opciones recomendadas en hospedaje, gastronomía, compras y fiestas. Si desea recorrer el centro histórico, lleve su cámara para tener registro de las plazas de Los Coches, San Pedro Claver o de la Aduana, que encierran la tradición de su patrimonio, lo mismo que las seis iglesias con arquitectura fascinante y sus seis museos que recogen la vida en la época de la Colonia, las obras artísticas modernas, las historias de piratas y los castigos de la Inquisición. 

Cuando el sol se acuesta, el ‘corralito de piedra’ ofrece un sinnúmero de sitios para visitar, como restaurantes, bares, discotecas, conciertos, teatro ofrece la Heroica.

Madrugamos para seguir el recorrido, tomando la avenida Pedro de Heredia, que nos conecta con la vía a Sincelejo. A 95 kilómetros, en plenos Montes de María, está San Jacinto, la tierra de hamacas, gaitas y tambores. Las hamacas son mundialmente conocidas, así como los trabajos en madera.

Y a 14 kilómetros llegamos a El Carmen, la tierra de porros de Lucho Bermúdez, de aguacates y las galletas chepacorinas, recomendadas para los viajeros, lo mismo que los chicharrones y el típico ‘ machucao de ají’, para terminar este paseo de 253 kilómetros, por una región que maravilla e invita a descansar.


Temperatura
En algunos municipios, como Ciénaga, la temperatura aprieta hasta los 32 grados, en promedio es de 28 grados.

Qué llevar
En la maleta no pueden faltar la ropa liviana de colores claros, las pantalonetas, chancletas y el protector solar.

Peajes
En todo el recorrido de la ruta Caribe se pagan 6 peajes, que cuestan entre los 2.700 pesos y los 10.800 pesos.

Artesanías
Aproveche y compre las mochilas wayús o arhuacas, los sombreros vueltiaos, o gaitas, tambores y maracas.

Otros sitios para visitar

Paseo a Minca
Uno de los sitios más encantadores de la Sierra Nevada es Minca, a 15 minutos de Santa Marta, donde se puede disfrutar de los ríos, los cafetales, los cultivos de flores exóticas y compartir con los indígenas koguis.

El malecón del rÍo
Es el mirador que tienen los barranquilleros para ver de cerca el río Magdalena. Cuenta con zonas verdes, senderos peatonales, bancas e iluminación. Se entra por la vía 40, a la altura del centro de eventos Puerta de Oro.

Visita al cementerio
En el camposanto de Juan de Acosta (Atlántico) está el fresco que pintó Alejandro Obregón en el mausoleo de la familia Santodomingo Molina. Este lugar es visitado por cientos de turistas y estudiantes de todo el país.

Museo de San Jacinto
El Museo Comunitario recoge en 5 salas la historia arqueológica y cultural de los pueblos de los Montes de María, además de las gaitas y tejidos. Aquí hay cerámicas con más de 4.000 a. C. La entrada es una donación.

Leonardo Herrera Delgans
Fuente:  EL TIEMPO

lunes, 11 de diciembre de 2017

El mundo macondiano que se esconde en la costa norte del país


Sopla una fuerte brisa que mueve, a su paso, los árboles frondosos que se ubican a lo largo de la vía. Las mariposas amarillas revolotean en el viento de un lado a otro, y algunas se sitúan sobre los vidrios panorámicos de los carros, que con afán buscan llegar a su destino.

El sol radiante y la Sierra Nevada de Santa Marta posan majestuosamente para las fotografías de los turistas que por primera vez admiran la postal que inspiró las letras de Gabriel García Márquez, y quizá también las de grandes compositores musicales como Rafael Escalona y Leandro Díaz. 

Esta es una ruta costera, natural y arquitectónica envuelta en melodías vallenatas, una ruta que se pierde entre los afanes de los viajeros que buscan los destinos que se venden en los folletos turísticos. En ella aparecen ríos, playas concurridas y solitarias, palmeras, muelles, rieles de trenes, música, literatura, edificaciones de distintas épocas y una gastronomía exótica. 

Gafas de sol, bloqueador y traje de baño son requisito para nuestra primera parada, el río Guatapurí. El mismo que se desliza desde la Sierra Nevada y baña a la ciudad de Valledupar. Ese que guarda la leyenda de Rosario Arciniegas, una niña que se convirtió en sirena al zambullirse en sus aguas cálidas, un Viernes Santo.

Por la tarde puede escuchar el relato nostálgico de Cecilia Jiménez en su casa de bahareque, de palos entretejidos que se unen con una mezcla de tierra húmeda y paja. La que nos transporta a 1966, año en que fue construida. En ella se conservan los enseres de la época. En su terraza, Poncho Zuleta armaba sus parrandas para celebrar los lanzamientos de sus discos. 

Y antes de seguir el recorrido debe ir al centro artesanal Calle Grande, ubicado a dos calles de la plaza Alfonso López, donde podrá comprar las mochilas tejidas hilo a hilo por las manos de las mujeres indígenas de la región, wayús y arhuacas. Además de cuadros de sus territorios, esos cuyas pinceladas se trazan a ritmo de vallenato. 

En La Junta, César, una ventana marrón, de madera, cuya vista se asoma a la quebrada El Salto, recibe a diario a los turistas que van tras el rastro de Diomedes Díaz. Es la misma ventana que el ‘Cacique de La Junta’ mencionaba en las canciones que dedicó a su enamorada Patricia Acosta.

En San Juan del Cesar usted podrá adentrarse en la gastronomía típica y exótica de la región, de la mano de La Gran Petra Gámez, quien lleva más de 40 años deleitando a los habitantes y visitantes. Chivo, conejo, iguana guisada en leche de coco, arepa con chicharrones, sopa de mondongo, entre otros, hacen parte de la oferta de este emblemático restaurante. De estos platos han disfrutado artistas vallenatos como Jorge Celedón e Iván Villazón. El menú, cualquiera que desee elegir, tiene un valor de 12.000 pesos. 

Y después de haberse deleitado con un manjar, lo espera el cielo riohachero. El que se viste de colores amarillos, rojizos y anaranjados al atardecer para engalanar a la capital de La Guajira, esa que se encuentra de frente, a diario, con el mar Caribe. Su malecón, ubicado en la avenida Primera, está rodeado de mochilas y artesanías, palmeras, restaurantes y una iglesia de arquitectura imponente. Este paisaje se disfruta mejor con un coco frío en mano. 

Un monumento al realismo mágico se ubica en el centro de su plaza. Y es que Riohacha es la puerta para acceder a otros destinos que llevan a redescubrir la magia de nuestro país, como por ejemplo el Cabo de la Vela. 

Entre las montañas se esconden el mar azul y las fuertes olas, la arena blanca y la inmensidad. Un paraíso escondido, así es Palomino –otro de los mágicos destinos–, un corregimiento del municipio de Dibulla, en La Guajira. Este es el nuevo refugio, sobre todo de extranjeros que buscan alejarse del turismo masivo y convencional. 
Se ubica a 75 kilómetros de Riohacha, atravesando la troncal del Caribe. Una vez en la vía principal del pueblo, debe adentrarse unos 500 metros, por una estrecha carretera en tierra. Desde ahí comienza el encanto. 

A lo largo de la calle se asoman letreros en español e inglés que anuncian servicios de hostales, restaurantes, piscinas, zona de campin, hamacas, cabañas, hoteles. Platos vegetarianos, yoga, masajes, clases de surf y tours turísticos hacen parte de la oferta. Hay para todos los gustos, para los aventureros y los tradicionales. 

Antorchas, caracoles, música caribeña, decoraciones coloridas y canoas conforman la belleza de este lugar. Después de disfrutar de su estancia en el ‘paraíso’ puede llegar a Aracataca, un municipio ubicado en medio de una gran zona bananera donde podrá visitar “más que la casa de Gabo, la casa de un pueblo”, como reza el museo de Gabriel García, y así conocer en vivo lo descrito por el Nobel en Cien años de Soledad. 
En medio del pueblo, un tren de carbón se moviliza a lo largo de la carrilera. Justo a su lado se ubica la antigua estación del tren, desde donde puede evocar aquellos vagones en los que se embarcaban los pasajeros con sus camisas blancas y sus vestidos de flores.

Mientras recorre esta fascinante ruta, le recomendamos detenerse en los ríos que se encuentran en el camino, disfrutar de la oferta de pescados y mariscos, del chivo, la yuca y el suero. No se olvide de escuchar vallenato y bajar el vidrio del carro, a ratos, mientras disfruta de los aires de la Sierra, del mar, de las quebradas, de las letras y composiciones literarias y vallenatas que viajan en cada soplo.

Fuente: El Tiempo

domingo, 10 de diciembre de 2017

LA AGONÍA DE TASAJERA, MAGDALENA



De Contagio Radio.
Tasajera es un pequeño corregimiento olvidado de Pueblo Viejo – ubicado en la isla de Salamanca Magdalena, entre el mar y el manglar. El corregimiento es únicamente visible para los que transitan la vía Barranquilla – Ciénaga por la Troncal del Caribe, quienes pasan por el Km 19 son testigos de las condiciones extremas en las que viven sus habitantes.

La primera impresión de la zona es dada por la acumulación de basura en frente de las casitas de concreto y latón que se levantan al margen de la carretera, cúmulos de plásticos y líquidos de colores extraños son los elementos más sobresalientes del paisaje; sobre la vía varios puestos de venta de conchas, huevos de tortugas, iguanas y pescado, que denotan el comercio de fauna silvestre y la economía de subsistencia que rige para esta comunidad, la descomposición rápida de estos elementos debido al calor atrae nubes de moscos y olores fuertes, un aire gris y árido deja a la vista una sensación de abandono que se confirma con los recurrentes bloqueos, “a la brava”, de la vía por parte de algunos de los pobladores.

Los bloqueos consisten en obstaculizar la troncal con tanques de agua y piedras con el fin cobrar un peaje en ambas direcciones a los carros y camiones que van y vienen; aquí no importa que en menos de 2km se repita el cobro legal de los derechos de tránsito que supuestamente garantizan la seguridad y el buen estado de la vía, ni que exista una base militar y un puesto permanente de policía a poca distancia, porque las autoridades allí no entran. Tasajera hace parte de las áreas calientes dónde el estado es etéreo.

La ausencia de gobierno no solo se ve reflejada en estos por menores de orden público; los bloqueos pueden ser una forma de producir algunos ingresos, sí, pero también una forma de protesta; los pobladores se quejan de la ausencia de servicios básicos sanitarios que es evidente, hay carencia de alcantarillado, el manejo de residuos es nulo y la disponibilidad de agua se rumora está sometida a su venta; según personas de Tasajera carros tanque de agua pasan esporádicamente vendiendo el vital recurso a cuatro mil pesos por galón, todo un lujo imposible para muchos, así que normalmente agua no hay.

La Ciénaga del Magdalena es también una damnificada de este olvido. A pesar de ser uno los ecosistemas de lagunas más importantes de Colombia, hábitat de múltiples especias endémicas, con una gran extensión de manglar y bosque seco, jamás tendrán un proceso de restauración ni conservación efectivo hasta que no se miren los conflictos sociales y las necesidades básicas de las comunidades aledañas. Todos estas basuras y aguas negras del municipio de Pueblo viejo van a dar de alguna y otra forma al mar o al manglar.

El corregimiento de Tasajera, es sólo un caso más de los miles que deben existir en Colombia sobre discriminación ambiental y abandono. La protección ambiental y el control de los riesgos de salud usualmente esta estratificado; la calidad de vida de la población y el bienestar del medio natural están directamente relacionados. La participación de la comunidad local es el primer paso para disminuir la degradación de los ecosistemas, sin embargo, ante las condiciones extremas que amenazan su diario vivir, el medio ambiente no es visto como una prioridad, y el ciclo de las problemáticas socioambientales se mantiene inmutable en el tiempo.

martes, 5 de diciembre de 2017

89 años de la masacre de las bananeras




El 6 de Diciembre de 1928 en la población de Cienaga departamento del Magdalena(costa norte colombiana) sucedió una masacre, llamada la masacre de las bananeras, fue uno de los hechos más dramáticos y vergonzosos de Colombia. El presidente de la época en este pais, Miguel Abadía Méndez le dio carta blanca al comandante militar de la región general Cortes Vargas de reprimir la huelga. 

Ese día mas de 10.000 trabajadores de la empresa norteamericana (United Fruit Company) estaban en huelga, pidiendo descanso dominical, mejor atención medica y mejor salario. 

La multinacional llevaba 30 años operando en Colombia en la explotación del cultivo y exportación del banano y otras frutas, pero además aprovechando la falta de legislación le permitía hacer caso omiso de las peticiones obreras. Los trabajadores habían intentado huelgas en años anteriores para mejorar sus condiciones que terminaron sin resultados positivos para los huelguistas. 

En la tarde del 6 de diciembre de 1928 después de casi un mes de huelga de los diez mil trabajadores de la United Fruit Company, fueron citados a la plaza central de Cienaga, corrió el rumor de que el gobernador del Magdalena se entrevistaría con ellos, era un alivio para los huelguistas, pues no habían recibido del gobierno conservador sino amenazas y ninguna respuesta positiva de la empresa. 

En ese momento, las fuerzas armadas al mando del general Cortes Vargas dieron la orden de desalojo en 5 minutos, que fue desobedecida por los trabajadores quienes gritaban consignas contra la multinacional y el gobierno. 

El General Cortes Vargas quien fue el que dio la orden, argumentó posteriormente que lo había hecho, entre otros motivos, porque tenía información de que barcos estadounidenses estaban cerca a las costas colombianas listos a desembarcar tropas para defender al personal estadounidense y los intereses de la United Fruit Company, y que de no haber dado la orden Estados Unidos habría invadido tierras colombianas. Esta posición fue fuertemente criticada en el Senado, en especial por Jorge Eliécer Gaitan parlamentario liberal y defensor de los trabajadores quién aseguraba que esas mismas balas debían haber sido utilizadas para detener al invasor extranjero.

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