Guillermo de Jesús Buitrago Henríquez era su nombre de pila, pero se le conoció como Guillermo Buitrago, así de simple.
Fue una de las principales figuras de la música popular de Colombia de la primera mitad del siglo XX, y murió en la plenitud de su vida, a los pocos días de celebrar su cumpleaños número 29.
Lo apodaban ‘El Jilguero de la Sierra Nevada’; era tan buen intérprete como compositor y guitarrista; publicó más de un centenar de canciones, y tuvo el honor de ser el primero en llevar al acetato temas del insigne compositor patillalero Rafael Escalona.
En su libro Música y bailes populares de Ciénaga, el escritor Ismael A. Correa Díazgranados señala que en los albores de la industria fonográfica en Colombia las grabaciones de Buitrago -difundidas por Discos Fuentes de Cartagena- ocupaban la mayor parte de las vitrolas, radiolas, etc., en residencias, sitios y muchos lugares del interior de la Cuenca del Caribe.
Miguel Canales, El perro de Pavajeau, El bachiller, La despedida y El testamento, canciones escritas por Escalona que serían popularizadas en Colombia y el exterior a partir de las décadas de los 50 y los 60- primero fueron difundidas por Buitrago en la recta final de los 40. Él fue el encargado de otorgarle pasaporte internacional a nuestra música, pues sus grabaciones tuvieron gran resonancia en el exterior.
Guillermo Buitrago había nacido el primero de abril de 1920 en Ciénaga (Magdalena), en el hogar conformado por Roberto Buitrago Muñoz y Teresa Mercedes Henríquez. Entre siete hermanos ocupó el tercer lugar en orden de nacimiento.
Era alto, muy delgado y tenía un protuberante gaznate.
De piel clara, rostro enjuto, frente ancha, pecoso, cuello largo, Buitrago se preocupaba por estar impecablemente ataviado. “La buena imagen entra por los ojos”, les decía a sus amigos.
Buitrago fue la persona que dio a conocer la música provinciana vallenata en guitarra. Sus canciones lograron trascender más allá de su generación.
En 1944 Guillermo Buitrago inscribió su nombre en la historia de la música popular colombiana al convertirse en el primer cantante que grabó vallenatos con el acompañamiento de un acordeonero. Lo hizo con Abel Antonio Villa cuando publicaron un acetato de 78 RPM en los estudios de Foto Velasco, de Barranquilla. Dicho acetato, prensado más tarde en Chile por el sello Odeón, presentó por una cara Las cosas de las mujeres, y, por la otra, Pobre negra mía. Ambos temas, en aire de paseo, de autoría de Abel Antonio.
La guitarra, su fiel compañera ‘El Mono’, como también sería conocido Guillermo Buitrago, jamás estudió música. Ni siquiera culminó el bachillerato. Apenas cursó hasta el tercer año de secundaria en la Escuela de Segunda Enseñanza para Varones.
La música lo atrapó en sus redes y no pudo zafársele. Le tomó cariño y devoción. Sacaba notas con el silbido y en las mesas o las sillas, a manera de tambor.
Cuando tenía 16 años aprendió a tocar el tiple gracias a las instrucciones de José Rosario Maguana. Del tiple pasó a la guitarra, que a la postre, se constituiría en su acompañante inseparable hasta que lo sorprendió la muerte, aquel 19… A los 16 años, Guillermo Buitrago dio a conocer sus dotes como guitarrista en La Voz de Ciénaga. Años después saltó a la palestra con el acompañamiento de Julio Bovea Fandiño, el mismo que años después le daría nacimiento al trío Bovea y sus Vallenatos.
Con Bovea, como segunda guitarra, y José ‘El Cheque’ Torres, como guacharaquero, Buitrago adelantó sus primeras correrías por las principales emisoras de Ciénaga, Santa Marta, Barranquilla y Valledupar. Grabaron algunos discos para el sello Odeón, de Argentina. Para desventura de los coleccionistas son pocas las obras que sobreviven de aquella época, entre ellas Carmen Díaz, Petra la pelúa, La varita e’ caña y El negro Mendo. El escenario ideal del trío fue la Emisora Atlántico, de Barranquilla.
Fue una de las principales figuras de la música popular de Colombia de la primera mitad del siglo XX, y murió en la plenitud de su vida, a los pocos días de celebrar su cumpleaños número 29.
Lo apodaban ‘El Jilguero de la Sierra Nevada’; era tan buen intérprete como compositor y guitarrista; publicó más de un centenar de canciones, y tuvo el honor de ser el primero en llevar al acetato temas del insigne compositor patillalero Rafael Escalona.
En su libro Música y bailes populares de Ciénaga, el escritor Ismael A. Correa Díazgranados señala que en los albores de la industria fonográfica en Colombia las grabaciones de Buitrago -difundidas por Discos Fuentes de Cartagena- ocupaban la mayor parte de las vitrolas, radiolas, etc., en residencias, sitios y muchos lugares del interior de la Cuenca del Caribe.
Miguel Canales, El perro de Pavajeau, El bachiller, La despedida y El testamento, canciones escritas por Escalona que serían popularizadas en Colombia y el exterior a partir de las décadas de los 50 y los 60- primero fueron difundidas por Buitrago en la recta final de los 40. Él fue el encargado de otorgarle pasaporte internacional a nuestra música, pues sus grabaciones tuvieron gran resonancia en el exterior.
Guillermo Buitrago había nacido el primero de abril de 1920 en Ciénaga (Magdalena), en el hogar conformado por Roberto Buitrago Muñoz y Teresa Mercedes Henríquez. Entre siete hermanos ocupó el tercer lugar en orden de nacimiento.
Era alto, muy delgado y tenía un protuberante gaznate.
De piel clara, rostro enjuto, frente ancha, pecoso, cuello largo, Buitrago se preocupaba por estar impecablemente ataviado. “La buena imagen entra por los ojos”, les decía a sus amigos.
Buitrago fue la persona que dio a conocer la música provinciana vallenata en guitarra. Sus canciones lograron trascender más allá de su generación.
En 1944 Guillermo Buitrago inscribió su nombre en la historia de la música popular colombiana al convertirse en el primer cantante que grabó vallenatos con el acompañamiento de un acordeonero. Lo hizo con Abel Antonio Villa cuando publicaron un acetato de 78 RPM en los estudios de Foto Velasco, de Barranquilla. Dicho acetato, prensado más tarde en Chile por el sello Odeón, presentó por una cara Las cosas de las mujeres, y, por la otra, Pobre negra mía. Ambos temas, en aire de paseo, de autoría de Abel Antonio.
La guitarra, su fiel compañera ‘El Mono’, como también sería conocido Guillermo Buitrago, jamás estudió música. Ni siquiera culminó el bachillerato. Apenas cursó hasta el tercer año de secundaria en la Escuela de Segunda Enseñanza para Varones.
La música lo atrapó en sus redes y no pudo zafársele. Le tomó cariño y devoción. Sacaba notas con el silbido y en las mesas o las sillas, a manera de tambor.
Cuando tenía 16 años aprendió a tocar el tiple gracias a las instrucciones de José Rosario Maguana. Del tiple pasó a la guitarra, que a la postre, se constituiría en su acompañante inseparable hasta que lo sorprendió la muerte, aquel 19… A los 16 años, Guillermo Buitrago dio a conocer sus dotes como guitarrista en La Voz de Ciénaga. Años después saltó a la palestra con el acompañamiento de Julio Bovea Fandiño, el mismo que años después le daría nacimiento al trío Bovea y sus Vallenatos.
Con Bovea, como segunda guitarra, y José ‘El Cheque’ Torres, como guacharaquero, Buitrago adelantó sus primeras correrías por las principales emisoras de Ciénaga, Santa Marta, Barranquilla y Valledupar. Grabaron algunos discos para el sello Odeón, de Argentina. Para desventura de los coleccionistas son pocas las obras que sobreviven de aquella época, entre ellas Carmen Díaz, Petra la pelúa, La varita e’ caña y El negro Mendo. El escenario ideal del trío fue la Emisora Atlántico, de Barranquilla.



